La ictericia, o co
loración amarilla de la piel y de las mucosas (el blanco del ojo, el interior de la boca), es la condición que con más frecuencia se observa entre los recién nacidos. Su temprana presentación y, en algunos casos, la instauración de un tratamiento adecuado son tareas habituales para el pediatra. En la mayoría de los recién nacidos la ictericia constituye un evento normal, propio de esa edad, y la llamamos “ictericia fisiológica”.
¿Cómo se produce la ictericia?
En primer lugar, hay que tener presente que en el niño mayor y en el adulto, a medida que los glóbulos rojos de la sangre envejecen, se van destruyendo. En este proceso se libera hemoglobina, la que a su vez se degrada, siendo su producto final la bilirrubina. Esta última es el pigmento que tiñe de amarillo todo lo que toca, como el rey Midas. Como diariamente se destruye una cierta cantidad de glóbulos rojos en la sangre, estamos permanentemente produciendo bilirrubina, la que se elimina normalmente a través del hígado.
El recién nacido suele tener un hematocrito muy elevado, es decir, su sangre tiene más glóbulos rojos. Si a eso se suma un cierto grado de inmadurez del hígado, el cual los primeros días se encuentra “en rodaje”, tendremos que el bebé produce más bilirrubina de la que puede eliminar, repartiéndose por la piel y otros tejidos, apareciendo entonces la ictericia. El niño no
nace con ictericia porque en su vida fetal la placenta retira su bilirrubina, siendo eliminada por el hígado de la madre. Hasta aquí va todo bien, la ictericia aumenta hasta el tercer o cuarto día y luego va gradualmente desapareciendo, a veces hasta alrededor del mes de vida.
El problema se produce cuando la bilirrubina se eleva demasiado en la sangre, ya que también se acumula en el cerebro, y sobre ciertos límites podría producir un daño neurológico permanente llamado kernicterus. Este riesgo es tanto más cuanto más precoz sea la hiperbilirrubinemia y mientras más inmaduro el cerebro del recién nacido. El tratamiento en estos casos es la fototerapia: se coloca al bebé desnudo expuesto a una luz especial durante al menos 24 horas. Con esto conseguimos que la bilirrubina acumulada en la piel entre en un estado de “excitación fotoquímica”, que en castellano significa que se transforma en otros productos menos tóxicos. Indirectamente la bilirrubina de la sangre también disminuye, ya que se va abriendo camino hacia la piel que la recibe y la destruye, mientras se le da tiempo al hígado de madurar y cumplir su función. En casos muy excepcionales, cuando la bilirrubina se encuentra demasiado elevada, se practica un procedimiento llamado exanguíneotransfusión, que consiste en el recambio total de la sangre.
Cuando se requieren estos tratamientos es porque hay otros problemas, y ya no podemos hablar de ictericia fisiológica. Los más frecuentes son los derivados de la incompatibilida
d de Rh o grupos clásicos (ABO) entre la sangre materna y la del recién nacido (que determinan una destrucción exagerada de los glóbulos rojos), además de patologías del hígado transitorias o permanentes. Alteraciones especiales de los glóbulos rojos, infecciosas y otras, son mucho menos frecuentes.
La que no produce problemas es una ictericia que se manifiesta en algunos bebés alimentados con leche materna. No está clara la causa de este fenómeno, pero por ser absolutamente benigno, por ningún motivo debe en estos casos suspenderse la lactancia. El agregado de agüitas de cualquier tipo no sirve de nada.
¿Cómo se produce la ictericia?
En primer lugar, hay que tener presente que en el niño mayor y en el adulto, a medida que los glóbulos rojos de la sangre envejecen, se van destruyendo. En este proceso se libera hemoglobina, la que a su vez se degrada, siendo su producto final la bilirrubina. Esta última es el pigmento que tiñe de amarillo todo lo que toca, como el rey Midas. Como diariamente se destruye una cierta cantidad de glóbulos rojos en la sangre, estamos permanentemente produciendo bilirrubina, la que se elimina normalmente a través del hígado.
El recién nacido suele tener un hematocrito muy elevado, es decir, su sangre tiene más glóbulos rojos. Si a eso se suma un cierto grado de inmadurez del hígado, el cual los primeros días se encuentra “en rodaje”, tendremos que el bebé produce más bilirrubina de la que puede eliminar, repartiéndose por la piel y otros tejidos, apareciendo entonces la ictericia. El niño no
nace con ictericia porque en su vida fetal la placenta retira su bilirrubina, siendo eliminada por el hígado de la madre. Hasta aquí va todo bien, la ictericia aumenta hasta el tercer o cuarto día y luego va gradualmente desapareciendo, a veces hasta alrededor del mes de vida.El problema se produce cuando la bilirrubina se eleva demasiado en la sangre, ya que también se acumula en el cerebro, y sobre ciertos límites podría producir un daño neurológico permanente llamado kernicterus. Este riesgo es tanto más cuanto más precoz sea la hiperbilirrubinemia y mientras más inmaduro el cerebro del recién nacido. El tratamiento en estos casos es la fototerapia: se coloca al bebé desnudo expuesto a una luz especial durante al menos 24 horas. Con esto conseguimos que la bilirrubina acumulada en la piel entre en un estado de “excitación fotoquímica”, que en castellano significa que se transforma en otros productos menos tóxicos. Indirectamente la bilirrubina de la sangre también disminuye, ya que se va abriendo camino hacia la piel que la recibe y la destruye, mientras se le da tiempo al hígado de madurar y cumplir su función. En casos muy excepcionales, cuando la bilirrubina se encuentra demasiado elevada, se practica un procedimiento llamado exanguíneotransfusión, que consiste en el recambio total de la sangre.
Cuando se requieren estos tratamientos es porque hay otros problemas, y ya no podemos hablar de ictericia fisiológica. Los más frecuentes son los derivados de la incompatibilida
d de Rh o grupos clásicos (ABO) entre la sangre materna y la del recién nacido (que determinan una destrucción exagerada de los glóbulos rojos), además de patologías del hígado transitorias o permanentes. Alteraciones especiales de los glóbulos rojos, infecciosas y otras, son mucho menos frecuentes.La que no produce problemas es una ictericia que se manifiesta en algunos bebés alimentados con leche materna. No está clara la causa de este fenómeno, pero por ser absolutamente benigno, por ningún motivo debe en estos casos suspenderse la lactancia. El agregado de agüitas de cualquier tipo no sirve de nada.













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