viernes, abril 20, 2007

DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN A MÍ.

Cuando me toca guardia en el Servicio de Urgencia, después de una jornada agobiadora llego a mi casa a la noche siguiente en busca del reparador descanso, y suelo soñar con miles de mujeres que bajan de los cerros, salen del mar, brotan de la tierra y bajan del cielo con sus niños en brazos, pidiéndome que los atienda. Esto, que parece una pesadilla, en el inicio del invierno magallánico no dista mucho de la realidad. Es cosa de asomarse a la sala de espera de Urgencia del Hospital Regional, cualquier noche a eso de las 23 horas, y se verá decenas de mamás con sus niños, esperando ser atendidas, la secretaria que no da abasto (ya que no sólo niños se atienden), el personal de enfermería que hace lo que puede, y un médico ya agotado y malhumorado en la jornada nocturna que recién se inicia.
Si uno se pone aún más observador, verá niños corriendo y jugueteando, en espera de ser atendidos ¡de urgencia! Y si pone oído a lo que manifiestan como motivo de consulta, escuchará cosas tan sorprendentes como “está resfriado”, “hace semanas que tiene unos granitos”, “tiene los labios partidos”, “se le cocina el potito”, “quiero que le de una licencia para no hacer gimnasia”. Todas estas consultas que evidentemente no son urgentes, y que son la mayoría, deben ser solucionadas en otras instancias. Es cierto que el sistema de atención primaria tiene serias deficiencias, y la gente lo sabe y muchas veces ni siquiera solicita atención en los consultorios, sino se van directamente al hospital. Lamentablemente tampoco allí se solucionará satisfactoriamente el problema, puesto que una enfermedad no urgente debe ser atendida con calma, por el médico que lo conoce y tiene su ficha sobre el escritorio. ¿Qué calma y qué calidad de atención se puede brindar cuando el médico se ve obligado a atender, en promedio, un niño cada 4 minutos durante 12 horas? Si usted no encuentra pan en la panadería, ¿es lógico que exija que se lo vendan los bomberos?
“Para eso les pagan, y por lo tanto tienen la obligación de atender”, dicen algunos. Cierto. Bien o mal, todos son atendidos. Pero, ¿es bueno para el niño?
Aparte de las desventajas de ser atendidos en forma rápida y sin su ficha por un médico que no tiene sus antecedentes, los bebés pequeños corren serio riesgo de acudir por unos granitos y terminar con una bronquiolitis grave por virus respiratorio sincicial, contagiada en la sala de espera. Y si el niño realmente está enfermo de cuidado, deberá esperar largo rato a ser atendido, con el riesgo de que el pediatra de turno, por la presión que tiene, se equivoque en el diagnóstico. Pierde el niño y pierde el médico, quien deberá asumir la responsabilidad de un manejo inadecuado del paciente, y más encima con la posibilidad de ser demandado.
A este paso, cada día será más difícil conseguir pediatras que quieran trabajar en un sistema que ciertamente no tiene nada de atractivo.

1 comentarios:

Ferretería Ferrando dijo...

presisamente por lo mismo voy a su consulta y no a urgencia aunque esto lo entendì cuando mishijos ya tienen seis y tres años plop
mamà de ian y ari