Si bien el período es corto, la filosofía es correcta: ambos padres deben compartir la crianza, especialmente los primeros días o semanas de vida del niño, en que esa relación profunda y cercana entre padres e hijos, que llamamos apego, se enquista en sus almas. Sabemos que mientras más precoz y cercano es el contacto, mayo
r será el apego. Se ha demostrado en ovejas que al momento del parto, y al observar a su cría, aumenta la producción de ocitocina cerebral, que podría ser una suerte de “droga del amor”. Ello determina que ella reconozca a su cordero entre muchos otros en el piño, aún cuando se separen durante algunas horas, como sucede en la esquila.Actualmente, si el niño nace bien, al momento del parto se le coloca sobre el pecho de su madre, en contacto piel a piel. Se ha cortado el cordón umbilical físico, pero se mantiene el cordón umbilical psicológico durante muchos meses, y aún años, si logramos un buen apego al momento del nacimiento y en las etapas poste
riores. La madre y el hijo van así constituyendo, desde el momento mismo del part
o, una unidad psicológica y, también importante, biológica: el bebé que nace sin gérmenes se va colonizando con los normales de su madre, y a través de la leche materna, las secreciones de su piel y de su respiración, va adquiriendo las defensas con
tra los microorganismos que podrían enfermarle.También es fundamental la participación del padre en el nacimiento de su hijo. Idealmente, debe estar preparado ya durante el embarazo para cooperar con su mujer, con masajes y ejercicios respiratorios. Con su presencia en el parto el binomio madre – hijo se convierte en trinomio familiar y, gracias al apego inicial, disminuiremos la incidencia de tragedias como el maltrato, abuso y abandono.
Los niños selknam, según consta en registros históricos, eran bien tratados y recibían lactancia materna prolongada. Es muy probable que en ello influyeran las dos semanas de apego de su padre.

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